domingo, 24 de agosto de 2008

Ángeles y demonios


Angélica. Un nombre que describía perfectamente la sensación que tuvo la primera vez que la vio; un ser celestial había bajado de las nubes para plantarse delante de ella, aunque sólo fuera para ir a fijarse en su mejor amiga. Por suerte -pensó entonces- Paula prefería a las chicas malas y por desgracia -ahora lo sabía- todavía no sabían que su ahora ex debería haberse llamado Carrie, si es que el nombre debía decir algo de cada uno. Aquella chica a la que Laura había grabado una cinta (en parte porque lo encontraba más romántico y en parte porque su coche no tenía reproductor de CD) con la canción de Angie de los Rolling tenía algo más que el título de aquella canción en común con sus Satánicas Majestades. Sin embargo el verdadero infierno llegó al perderla y, aunque a Laura le parecía que hacía mucho tiempo de aquello, tres meses no son tanto para alguien que no lo esté pasando tan mal.

Ya le tocaba empezar a salir del bache; su nuevo trabajo era, sin duda, el comienzo de una nueva etapa en su vida.

Lunes, siete de la mañana. Laura se acuerda de la nueva etapa de su vida y de todas las demás tonterías que se le ocurrieron el día anterior. Se ducha y vuelve a rebuscar en los armarios de la cocina con la esperanza de encontrar una magdalena olvidada o cualquier otra cosa dentro de la categoría de cosas "desayunables", como no encuentra nada se vuelve a acordar del primer día del resto de su vida y se cabrea todavía más. Baja a desayunar al bar de abajo.

Menos mal que su humor cambia a mejor con la misma facilidad que lo hace a peor y que el café, si es bueno, suele ser un recurso infalible para tal propósito. Es, sin embargo, un arma de doble filo, si el café es malo le puede estropear una tarde a priori tranquila, si la tarde ya era mala los efectos son impredecibles y si en vez de ser una tarde se trata de una mañana en ayunas se convierten en devastadores.

Con la alegría de un buen desayuno en el cuerpo se dirige contenta y expectante hacia su primer contacto con dos mundos desconocidos para ella: el arte y el posado artístico. No puede evitar sonreírse; modelo. Cuando se lo cuente a su madre se va a mear de risa.

Ya en la escuela la conducen a un vestuario y le dan un albornoz.

-Cuando estés, la segunda puerta a la izquierda.

A los nervios de lo desconocido se suman los nervios de lo que va conociendo por segundos. Tras la segunda puerta a la izquierda hay cuarenta ojos clavados en ella desde que entra en la sala. Un chico pálido de no más de diecisiete vestido de negro de la cabeza a los pies, una chica de ventipocos tan kumbaya como lo fue ella a sus años, una chica de aspecto angelical que la mira con curiosidad, un chico algo mayor que los demás con pinta de estar reorientando su vida desde un campo menos artístico, seguramente abandonando una trayectoria marcada por la herencia familiar; probablemente sea la oveja negra de una familia de larga tradición médica, jurídica o perteneciente a otro campo igualmente prestigioso, aunque tan insatisfactorio para él como para enfrentarse a la reprobación de todos sus familiares, vivos y muertos.

Se quita el albornoz. La pose que le hacen adoptar, además de no justificar el sueldo que le pagan le recuerda que su vida es un infierno y que si aquél es un nuevo comienzo ha empezado con el pie izquierdo.

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jueves, 21 de agosto de 2008

Recuerdos y expectativas


-¿A qué hora empiezo?

Laura acababa de embarcarse en algo completamente distinto a cualquier cosa que hubiera hecho antes en su vida y, como cualquiera de las cosas que había hecho ya, no tenía ni idea de hacia donde la conduciría aquella nueva experiencia. Quizás no era algo tan disparatado después de todo...

Pasó el resto del día imaginando cómo sería aquel nuevo trabajo que, aunque provisional y clandestino, iba a ser su salvación hasta encontrar un empleo decente. Fantaseando llegó a la conclusión de que podía ser una muy buena manera de ganarse la vida... inmediatamente después pensó que no tenía ni idea y que probablemente no aguantaría ni una semana.

La tarde del domingo la dedicó a adecentar en lo posible su cuerpo de invierno; parece mentira lo que crece el pelo en un par de meses. Por suerte no se había roto una pierna ni nada parecido, ya que el ir siempre limpia y conjuntada, tal y como le había enseñado su madre, no le habría eximido de la vergüenza de presentarse de aquella guisa en las urgencias de un hospital.

¡Con lo que ella había sido...! Y desde hacía tres meses parecía otra persona; no salía, no quería ver a nadie y, lo peor, tampoco tenía ganas de animarse, a esto último ayudó bastante perder también el trabajo, todo sea dicho. La vida no le sonreía precisamente, y todo empezó cuando la dejó su ex.

La pregunta: Su ex se llama...
Vuestra elección: Juani, Angélica, Marcos, Kevin Andrés (empate; me decanto por Angélica)

viernes, 15 de agosto de 2008

Dudas y dudas


Cogió el móvil y marcó. Al oír el tercer tono estuvo a punto de colgar, ¿qué se suponía que estaba haciendo?, pero antes de que pudiera hacerlo una voz contestó al otro lado de la línea.

-¿Dígame?

Vaciló. No logró identificar aquella voz con ninguno de los prototipos de hombre archivados en su cabeza; podría tratarse de un mecánico, de un peluquero, de un sesudo doctor o de un chulo de club de carretera.

-¿Dígame? -repitió la voz.
-Emmm -tenía que contestar-, llamaba por el anuncio.
-¿El anuncio? -muy típico en ella; se había equivocado de número. Ya estaba por colgar cuando oyó que alguien hablaba con el hombre misterioso allá donde estuviera- ¡Ah! Perdona, sí, dime.
-Llamaba por el anuncio -repitió; ya podía eliminar al sesudo doctor.
-Sí, sí... ¿qué disponibilidad tienes?
-Completa -respondió, arrepintiéndose a medida que acababa la palabra.
-¡Perfecto! ¿Puedes empezar mañana mismo? Necesitamos una chica con urgencia.

Algo no la tranquilizaba en absoluto.

-Pero... ¿no tengo que pasar una entrevista? ¿no queréis ver mi currículum?
-Tranquila, no es necesaria experiencia, solo tienes que venir aquí y los chicos harán el trabajo por ti. Por cierto, supongo que no tienes ningún problema con posar desnuda...
-... -sus dudas se convirtieron en una alarma roja y ruidosa que no le dejaba pensar, mucho menos reaccionar.
-¿Hola? ¿estás ahí?

Consiguió articular una frase con sentido:

-Pero... ¿en qué consiste este trabajo?
-Vaya, ¿no te lo he mencionado? Lo siento -risas que a Laura no le hicieron ninguna gracia-. Ejem, perdona, sí... buscamos una modelo femenina de dibujo artístico.

Y a Laura aquellas palabras le parecieron maravillosas, le parecieron arte puro hecho voz masculina indeterminada; ya podía eliminar también al chulo de club de carretera.
Pese al alivio no logró visualizarse ante toda una clase de estudiantes bohemios, tal y como ella los imaginaba, con sus blocs y sus lápices y sus ojos clavados en su cuerpo serrano. En su mano derecha todavía sostenía el móvil.

La pregunta: La respuesta de Laura es...
Vuestra elección: ¿A qué hora empiezo?, ¿Puedo cobrar en negro?, Lo siento, pero mi religión no me permite este tipo de escándalos, Lo consultaré con mi representante

viernes, 1 de agosto de 2008

Tregua vacacional

Estaré de vacaciones hasta el 13 de agosto, así que hasta entonces dudo bastante que vuelva a escribir nada más.
¡Hasta la vuelta!

Quizás una oportunidad

¿Tu trabajo no te satisface?
¿Necesitas dinero?
¿Un cambio de vida?
¡Nos necesitas tanto como nosotros a ti!
Ingresos proporcionales a tu dedicación


Y habrá quien llame... pensó. Era el típico anuncio al que pensaba que no contestaba nadie; olía a whiskería de una manera descarada.

Continuó alternando páginas con sorbos a su café, bocados a sus tostadas y vueltas a sus pensamientos; ¿acaso había mucha gente satisfecha con su trabajo? el trabajo era lo que su propio nombre indicaba y las personas habían cambiado su significado al convertirlo en un modo de vida. El trabajo era, por definición, desagradable. Por supuesto que no estaba satisfecha con su trabajo... bueno, no lo estaría en caso de tenerlo; desde que el imbécil de su jefe la despidió sin más vivía del paro.

Miraba a través de la ventana por encima de su taza de café; las señoras se cruzaban con sus bolsas y sus carritos al entrar y salir del mercado. Ella hacía compra de supervivencia en el supermercado cutre que había a dos manzanas de allí; por cierto, tenía que hacer una compra urgentemente, aquel desayuno suponía un gran lujo para su limitado presupuesto. Si no encontraba trabajo pronto tendría que pedir dinero a sus padres y su orgullo no estaba muy dispuesto a ello.

Empezaba a agobiarse; era sábado y allí estaba ella, muerta de asco y sin aprovechar el fin de semana, que para ella era sólo un parón de dos días en el que no podía hacer entrevistas ni gastar un duro. Aquello no podía seguir así, siempre se había espabilado y últimamente no parecía ella, estaba perdiendo el tiempo allí sentada sin hacer nada.

Volvió a la página del anuncio, lo releyó y perdió su mirada en algún punto indeterminado más allá de aquel hormiguero de señoras con bolsas y carritos. Podría tratarse de cualquier cosa, aquel anuncio no daba demasiados detalles; tampoco daba mucha confianza, cierto, pero no perdía nada por probar... y así mataba la curiosidad sin sentirse tan inútil durante un rato por estar de brazos cruzados.

La pregunta: En el anuncio buscan...
Vuestra elección: tarotista telefónico, modelo de dibujo artístico, vendedor puerta por puerta, blogger, paseador de perros.

Persona


Sonó el despertador; había vuelto a olvidar desconectarlo la noche anterior. En realidad daba igual, llevaba un buen rato remoloneando en la cama; aquel día no le ofrecía nada lo suficientemente atractivo como para levantarse.

La música del vecino de arriba y el perro de los de al lado forzaron una huída hacia la parte de la casa más atractiva en aquellos momentos, con el permiso de la cama, claro está. Por el camino tropezó con unas medias y un zapato; tanta soledad y tanto desorden… le iban a hacer perder la cabeza cualquier día.

Abrió los armarios de la cocina -todos- y la nevera; no tenía desayuno; ni café ni tostadas ni nada que se le pareciera. No se equivocaba al quedarse en cama. Se duchó y bajó al bar de abajo, era una cafetería muy agradable, no sabía por qué no la visitaba más a menudo.

Pidió un café con leche largo y tostadas -necesitaba sus tostadas; los fines de semana desayunaba tostadas-. Aquel café estaba realmente bueno; decidió en aquel momento convertirse en habitual del lugar. Mientras hojeaba el periódico algo le llamó poderosamente la atención hasta el punto de dejar de masticar y sostener la taza a medio camino hacia su boca.

La pregunta: Quieres que el/ la protagonista sea...
Vuestra elección: Hombre, Mujer